¿QUÉ OCURRIRÁ TRAS LA MUERTE DE FIDEL CASTRO?

CONVERSACIÓN EN LOS FUNERALES DEL COMANDANTE

Carlos Alberto Montaner


Número 1, 28 de enero de 2007


INTRODUCCIÓN

EL HEREDERO

TRES SOFISMAS Y UNA VERDAD OCULTA

LAS RAZONES DEL CAMBIO

LA ALTERNATIVA BOLIVARIANA

EL MODELO CHINO

¿CAMBIAR EN QUÉ DIRECCIÓN?

EL DESTINO DE LAS INSTITUCIONES Y DE LOS LOGROS

LA TRANSFORMACIÓN ECONÓMICA 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRES SOFISMAS Y UNA VERDAD OCULTA

En definitiva, ¿qué mantiene unida a la clase dirigente?

El discurso oficial establece tres sofismas que se repiten hasta la fatiga con el objeto de crear una suerte de legitimidad moral a la dictadura, pero en los que ninguna persona sensata parece creer seriamente:

·        Que las fuerzas Armadas y, en general, los revolucionarios o simpatizantes del sistema son los continuadores de la lucha de los mambises del siglo XIX, quienes supuestamente fueron traicionados por los políticos de la corrupta “república mediatizada”.

·        Que si los revolucionarios “se dividen”, Estados Unidos, junto a los cipayos exiliados en Miami, unos despreciables anexionistas, establecerían en la Isla una colonia de los yanquis vendida a los intereses capitalistas.

·        Que el fin de la revolución significaría el fin de las llamadas “conquistas revolucionarias”: la educación, la salud y cierto grado de igualdad racial que hoy existe en la sociedad cubana. Simultáneamente, una nube de codiciosos exiliados dominados por los deseos de venganza descendería sobre la indefensa sociedad cubana para apoderarse de las viviendas y recuperar
los bienes confiscados tras el triunfo, convirtiendo a los cubanos de la Isla en verdaderos cautivos de extranjeros y desterrados.

De acuerdo con estas falsas premisas se monta una especie de silogismo: revolución, patria, nación, partido comunista forman parte de una misma ecuación (en la que antes, por cierto, incluían al propio Fidel). Si el gobierno comunista (la revolución) desaparece, también desaparecen la patria y la nación fagocitadas por la maldad de unos enemigos siniestros
que esclavizarían al pueblo, empobreciéndolo en el plano material hasta niveles haitianos. 

Pero, ¿hay algo de verdad en estos planteamientos?

Ni una pizca. Esas son sólo las coartadas para mantenerse en el poder.

  • Es una obscenidad intelectual plantear que los revolucionarios de hoy, unos señores que invocan el marxismo leninismo como fuente de autoridad ideológica y el estado soviético como modelo de organización, son los continuadores de la lucha de José Martí y los mambises. Aquellos cubanos, como no podía ser de otra manera, eran unos liberales
    del siglo XIX
    -en el sentido que se le daba a esa palabra en aquellos tiempos-
    que aspiraban a crear una república clásica, democrática y con respeto por la propiedad privada, que nada tenían que ver con los experimentos totalitarios puestos en marcha en
    la Rusia de 1917.

  • Estados Unidos, a principios del siglo XXI, no tiene el menor interés en anexionar a
    Cuba. Por el contrario, su principal objetivo es que en la Isla se establezca un sistema democrático y próspero para que los cubanos no emigren clandestinamente a territorio norteamericano. Tampoco es relevante la cuestión económica. Para una economía como
    la norteamericana, que se acerca a los trece trillones de dólares, el paupérrimo mercado cubano carece totalmente de importancia. Por el contrario, Estados Unidos, que cuenta
    en su seno con una notable minoría cubano-americana a la que debe tener en cuenta, volcaría todo su peso económico sobre la Isla, e invitaría a Europa y a Japón a que hicieran lo mismo, con el objeto de mejorar intensa y rápidamente la calidad de vida
    de los cubanos y así evitar una crisis migratoria.

  • Los cubanos exiliados, según las encuestas más solventes, no van a regresar masivamente a residir en Cuba (si las condiciones son favorables lo hará un 10%), ni van a desalojar a nadie de unas casas miserables que se están cayendo a pedazos por culpa de la incuria socialista. Los exiliados cubanos, no obstante, si hay garantías jurídicas, sí acudirían masivamente como turistas e inversionistas, y se convertirán en una fuente de desarrollo
    y prosperidad para beneficio de todos, poniendo fin a una hostilidad artificialmente alimentada por el gobierno. Eso es lo que reflejan todas las encuestas y focus group que se realizan. El sur de la Florida y, en general, los sitios donde se concentran los exiliados, se convertirían en motores económicos que impulsarán enérgicamente la reconstrucción
    y el desarrollo de la Isla. En cierto modo, la diáspora sería la provincia más rica de Cuba
    y la que más contribuiría a la prosperidad de los cubanos.  

Si esto es así, ¿hay alguna razón oculta que explica el inmovilismo de la clase
dirigente cubana?

Por supuesto: la clase dirigente cubana teme perder el poder y con éste los privilegios que comporta. La nomenclatura es víctima de la natural incertidumbre que provoca el riesgo de ver reducida su importancia social y laboral. Quienes pueden tomar decisiones temen por la suerte
de sus hijos y el destino de la familia. Sienten miedo al cambio, y el miedo, a veces, es un fuerte cohesivo, pero un pésimo consejero.

Continuar al próximo capítulo: LAS RAZONES DEL CAMBIO