¿QUÉ OCURRIRÁ TRAS LA MUERTE DE FIDEL CASTRO?

CONVERSACIÓN EN LOS FUNERALES DEL COMANDANTE

Carlos Alberto Montaner


Número 1, 28 de enero de 2007


INTRODUCCIÓN

EL HEREDERO

TRES SOFISMAS Y UNA VERDAD OCULTA

LAS RAZONES DEL CAMBIO

LA ALTERNATIVA BOLIVARIANA

EL MODELO CHINO

¿CAMBIAR EN QUÉ DIRECCIÓN?

EL DESTINO DE LAS INSTITUCIONES Y DE LOS LOGROS

LA TRANSFORMACIÓN ECONÓMICA 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS RAZONES DEL CAMBIO

¿Y qué sucede con las convicciones ideológicas?

Parece que son muy débiles. El testimonio confidencial de los hijos y parientes de numerosos dirigentes no deja lugar a dudas: en la intimidad de sus casas se reniega del sistema y se admite
el total desastre en que vive el país. El derrumbe del socialismo real y el cambio de signo del modelo chino, sumados a la experiencia de casi cincuenta años de colectivismo en suelo cubano, han convencido a la clase dirigente de que ese sistema no es capaz de generar riqueza y bien
-estar para el pueblo. Los dirigentes tendrían que estar ciegos para no darse cuenta de que el comunismo es tremenda e irremediablemente ineficiente: lo ha sido en todas las latitudes y culturas donde lo han entronizado. Y aún si ellos estuvieran ciegos, sus familiares, especialmente sus hijos y nietos, se encargan de recordarles que están defendiendo un grave error intelectual que genera terribles consecuencias morales y materiales para el conjunto de la sociedad.

¿Y por qué mantienen el sistema si no creen en él? ¿Por qué no intentan cambiarlo?

  • Esencialmente, por tres razones. Primero, porque el colectivismo era una caprichosa imposición de Fidel Castro y nadie se atrevía a contradecir al Comandante en Jefe.
    Fidel, como los reyes antiguos, ha sido el dueño del país durante medio siglo y les ha impuesto a los cubanos sus convicciones, más o menos como en el pasado la religión del monarca era la que debían aceptar sus súbditos. Sin embargo, al menos desde los años setenta siempre ha habido reformistas lúcidos que han intentado alejarse del comunismo
    o atenuar sus peores consecuencias, pero Fidel invariablemente los ha liquidado.

  • Segundo, porque los privilegios y el ejercicio de la autoridad están muy ligados a la existencia de esa rígida burocracia en la que el Partido Comunista y la administración del Estado se entremezclan. En la estructura gubernamental soviética, que es la impuesta por Fidel Castro a los cubanos, coexisten y se solapan dos burocracias paralelas, el Partido
    y el aparato administrativo de gobierno. El fin del sistema significa que el Partido perdería su control sobre el gobierno. Por otra parte, desmontar el colectivismo es darle poder a
    la sociedad civil y a individuos que no necesariamente responden a la nomenclatura.
    Eso aterroriza a una parte de la clase dirigente.  

  • Tercero, porque la presión efectiva en dirección de los cambios se circunscribe a la postura de Estados Unidos y (en menor medida) la Unión Europea, a lo que se agregan
    las acciones de los demócratas cubanos de la oposición interna y externa, y, hasta ahora, estos factores no han sido suficientes para impulsar las transformaciones.

Pero, ¿el pueblo desea o no los cambios?

Los desea, pero “el pueblo” no tiene cauces de expresión en las sociedades totalitarias.
En el modelo político cubano, calcado de la Unión Soviética, las instituciones son establos
en los que se encierra a la sociedad para transmitirles los deseos e instrucciones de la clase dirigente. Ni el parlamento, ni los sindicatos, ni las organizaciones juveniles oficiales dan cabida
a puntos de vista que no respondan a la línea oficial decidida por la cúpula. Cuando alguien protesta dentro de las instituciones, lo amonestan, lo separan del cargo o lo marginan totalmente. Si lleva la protesta a las calles, le lanzan las turbas mediante pogromos o “actos de repudio”, o, simplemente, lo encarcelan. El cacareado centralismo democrático que se practica en el Partido Comunista, pese a la retórica de la participación de las masas en el proceso de toma de decisiones, no es otra cosa que un ritual vacío para imponer la voluntad de la jerarquía instalada en los órganos superiores de gobierno, y, en última instancia, de quien esté a la cabeza.

¿Y si el pueblo tiene poca capacidad para demandar cambios, y si Estados Unidos,
la Unión Europea y los demócratas de la oposición interna y externa tienen una limitada capacidad para demandar cambios, ¿cómo y por qué van a llegar esos cambios?

Van a llegar por varias razones que podemos deducir de la experiencia:

·        Porque la sociedad cubana posee una centenaria tradición de modernidad y eso no se ha evaporado con el comunismo. Carece de sentido suponer que los cubanos van a estar permanentemente sujetos a un arcaico sistema de gobierno que ha desaparecido en todas partes del mundo como consecuencia de su ineficiencia. Hoy parece difícil que en Cuba se produzcan cambios, pero más extraño sería que no se produjeran. No puede olvidarse que las naciones evolucionan en grupo siguiendo corrientes históricas: estamos en una era en la que la democracia y las libertades económicas se imponen en todas partes. Cuba no puede ser la excepción a esta tendencia de forma permanente.

·        Porque hay dos factores psicológicos que están presentes en todos los procesos de cambio y
en Cuba son fácilmente observables: de una parte, es obvio que existe un profundo desencanto
e indiferencia con la revolución en el seno de la sociedad cubana. Por la otra, los dirigentes ya
no se perciben como los protagonistas de una hazaña histórica positiva, sino como los agentes de un sistema torpe y cruel que ha demostrado una total incapacidad para mejorar las condiciones de vida del pueblo. A ninguna persona mentalmente sana le resulta gratificante formar parte de un grupo repudiado por la sociedad y criticado en el seno de la familia.

·        Porque entres esos cubanos de la clase dirigente tiene que haber un notable porcentaje que
desea que mejoren los estándares de vida de la sociedad, y que están cansado de fingir devociones que no siente y de defender posiciones que les parece equivocadas. Si en la nomenclatura de todos los países comunistas de Europa central existían estos reformistas dispuestos a impulsar los cambios y a abandonar los errores, ¿por qué en Cuba va a suceder
de otro modo? El argumento de que en Cuba persiste el comunismo por la supuesta amenaza norteamericana no es más que un pretexto sin fundamentos.

·        Porque en los últimos cuarenta años, desde el posfranquismo español comenzado a fines de 1975, hasta el desmantelamiento de las dictaduras comunistas de Europa central, los cubanos
del poder y de la oposición han podido comprobar en veinte países que es posible una
evolución política pacífica, sin revanchas ni atropellos, que pone fin a un sistema agotado y le
da paso a una nueva etapa en la que casi todos salen ganando. Para cambiar el signo político
del país no es necesaria una revolución violenta, ni la humillación de quienes salgan derrotados
en la confrontación, sino una transición pactada hacia el multipartidismo y la libertad, en la que todos o casi todos salen ganando, como ha sucedido en el resto del mundo. La teoría de juegos lo confirma: las decisiones se inclinan, racionalmente, hacia el escenario que resulta más conveniente para la mayoría de acuerdo con los incentivos que estén presentes.

Continuar al próximo capítulo: LA ALTERNATIVA BOLIVARIANA