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¿CAMBIAR EN QUÉ DIRECCIÓN?
¿Cómo se pasa de la apertura al
cambio?
La experiencia muestra que hay
varias formas de pasar de la apertura al cambio. Una
forma sencilla es preguntarle al pueblo si desea cambios.
De alguna manera, es lo que sucedió en
Chile con el
referéndum que abrió el camino a las elecciones
generales, y lo que ha propuesto
el ingeniero Osvaldo Payá en el Proyecto Varela con el respaldo de
miles de firmas. En España las cosas sucedieron de otro
modo: el gobierno llevó a cabo una suerte de discreto
diálogo con
la oposición y luego el parlamento modificó
las leyes y le dio paso al multipartidismo. En Polonia,
el gobierno convocó a unas elecciones parlamentarias en
las que la oposición podía optar por
un número limitado
de diputados, pero el respaldo a los demócratas fue de
tal naturaleza que el régimen comunista se desplomó.
¿Hay algún elemento común a
todas las transiciones?
En general, todas las transiciones
son diferentes y en todas se observa una clara e
inevitable tendencia a la improvisación, pero hay dos
rasgos comunes que las vinculan: primero, el
reconocimiento de que existe una oposición o,
simplemente, otras voces que tienen el derecho
a existir;
y, segundo, la admisión de que estas personas pueden y
deben participar en la vida pública del país. A partir
de la aceptación de estos dos elementos se abre un
sinfín de posibilidades, pero todas en algún momento
necesitan legitimarse en las urnas. En definitiva,
sólo
hay dos formas de organizar la convivencia: la
imposición arbitraria de la fuerza
(que es lo que se ha
hecho en Cuba durante casi medio siglo con los nefastos
resultados que todos conocemos), o mediante mecanismos
democráticos de consulta. La democracia es el método
ideal para propiciar los cambios pacíficos. No suele ser
un método rápido ni es totalmente eficiente, pero es el
mejor que se conoce.
¿Por qué los comunistas cubanos
tolerarían un cambio de esa naturaleza?
Porque los comunistas cubanos no
son muy diferentes a los checos, polacos o alemanes.
Ellos comprenden que también saldrán ganando en la
medida en que cambien una manera de actuar que ha
resultado contraproducente. Los comunistas cubanos saben
que en el país hay
una profunda inconformidad con el
sistema. Una parte sustancial de los ex comunistas
polacos, rusos, rumanos y eslovenos se transformaron en
socialdemócratas o se integraron a otras corrientes
ideológicas y eventualmente lograron volver el poder.
Los sandinistas consiguieron ganar las elecciones y
regresar al gobierno dentro de las reglas del juego
democrático.
La verdadera democracia no le cierra la
puerta a nadie. Los comunistas cubanos saben que
hay
vida más allá de la derrota política.
¿Y si el pueblo cubano deseara
continuar con un sistema colectivista de partido único?
En realidad, son muy pocas las
sociedades comunistas que han insistido en el viejo
sistema si
se les ha dado a las personas la oportunidad
de elegir el pluralismo político y las libertades
económicas. Aparentemente, esto sólo ha sucedido en
Moldavia, que es una excepción muy particular, y en
algún otro territorio ex soviético del Asia central. En
todo caso, el principio
rector de la democracia es el
acatamiento a la voluntad de la mayoría, siempre que se
ajuste a
la ley y se respeten los derechos de las
minorías. Lo importante es que la totalidad de la
sociedad cubana asuma el control de su destino.
Imagínese un escenario en el que
comienzan los cambios
Con los presos políticos liberados
y las asociaciones políticas legitimadas, la oposición
se presenta a las elecciones con candidatos propios y un
número sustancial de demócratas
hace campaña y llega a
la Asamblea Nacional del Poder Popular y a otros órganos
legislativos para luchar por el sistema político en el
que creen. Esa es una variante del modelo polaco.
Imagínese otro
La ANPP convoca a un referéndum
para decidir si se admite un cambio de sistema, pero,
naturalmente, permite que la oposición acceda a los
medios de comunicación y haga una
vigorosa campaña en
defensa del cambio. Algo parecido ocurrió en Chile.
Piense en una tercera opción
La española: el propio parlamento
hace los cambios necesarios y luego convoca a elecciones
generales y toda la variedad política del país queda
reflejada en el parlamento.
¿Cuál es el mejor?
Nadie lo sabe. Todas estas opciones
son imperfectas y están llenas de incertidumbre.
Lo
importante es que los agentes de cambio no minen
inútilmente el campo político.
Lo fundamental es
recurrir a las soluciones racionales.
¿Bajo qué leyes se hace esto?
Bajo las que existen. Todas las
transiciones acaecidas en el este de Europa se hicieron
enmendando constituciones muy parecidas a la cubana
actual, dado que todas se fundamentaban en el texto
constitucional soviético de 1936. Una vez iniciado el
proceso de cambio y ya dotados de un parlamento plural
se puede pensar en una nueva constitución, como sucedió
en España
en 1978.
¿Y qué ocurriría con los ajustes
de cuenta o las responsabilidades penales por los
atropellos cometidos durante la dictadura?
La experiencia en Europa, e incluso
en América Latina, indica que las sociedades
pos-dictatoriales están más interesadas en salvar el
futuro que en revisar el pasado. En España, además de
decretar una amnistía para los presos políticos, se
practicó una especie de amnesia voluntaria. También es
posible, y quizás sea conveniente, convocar a un
referéndum para que
la sociedad decida si quiere
perdonar todas las violaciones de la ley y los
atropellos contra los derechos humanos desde 1952,
cuando Batista dio su ilegal golpe militar, hasta el
momento
en que se consulta a los cubanos. Lo probable es
que la inmensa mayoría opte por el borrón
y cuenta nueva,
aunque siempre quedará abierta la puerta para juzgar
crímenes incalificables
de lesa humanidad, como el
deliberado hundimiento del remolcador “13 de marzo”, en
el que murieron decenas de personas, y entre ellas once
niños, o el derribo criminal de las avionetas
de
Hermanos al Rescate, cuando se vulneraron todos los
acuerdos internacionales en materia
de defensa aérea,
asesinando sin piedad a cuatro personas indefensas.
¿No es ésa una forma de
estimular la impunidad?
No: es una forma de reconocer que
la culpabilidad en los estados totalitarios recae sobre
tantas personas que hace imposible recurrir a los
castigos. La línea entre verdugos y víctimas es muy
confusa. La víctima de hoy tal vez fue verdugo en el
pasado. El verdugo de hoy acaso era una persona
movilizada por el miedo que anteriormente había formado
parte del grupo de las víctimas. Hay que empezar con
rapidez la reconstrucción del país sin empantanarse en
una peligrosa batalla que pudiera descarrilar la
transformación que se necesita.
También se puede crear una
comisión de la verdad
Se hizo en Sudáfrica con éxito,
pero en Cuba acaso sea más difícil. En estos procesos
hay
varias verdades conflictivas y contradictorias que
se entrelazan y confunden. El que para algunos es, por
ejemplo, un héroe internacionalista, para otros puede
resultar un terrorista que intervino injustificadamente
en los asuntos ajenos y asesinó soldados o policías
inocentes. El que para
la oposición era un combatiente
heroico, para el gobierno, en cambio, era un mercenario.
Esas interpretaciones subjetivas son irreconciliables,
así que lo más sensato es dejar que
convivan
paralelamente las dos historias sin tratar de imponer
una lectura única de unos hechos inmensamente
complicados. Más que la creación de una discutible
“comisión de la verdad”
es mejor estimular una absoluta
libertad de prensa y de pensamiento para que cada cual
cuente
la historia desde su perspectiva particular y ya
se encargará la posteridad de sacar sus propias conclusiones.
Continuar al próximo capítulo:
EL DESTINO DE LAS INSTITUCIONES Y DE LOS LOGROS |