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¿QUÉ OCURRIRÁ TRAS LA MUERTE DE FIDEL CASTRO?
CONVERSACIÓN EN LOS FUNERALES DEL COMANDANTE
Carlos Alberto Montaner
Número 1, 28 de enero de 2007
INTRODUCCIÓN
EL HEREDERO
TRES SOFISMAS Y UNA VERDAD OCULTA
LAS RAZONES DEL CAMBIO
LA ALTERNATIVA BOLIVARIANA
EL MODELO CHINO
¿CAMBIAR EN QUÉ DIRECCIÓN?
EL DESTINO DE LAS INSTITUCIONES Y DE LOS LOGROS
LA TRANSFORMACIÓN ECONÓMICA
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LA TRANSFORMACIÓN
ECONÓMICA
Un cambio de sistema económico
significaría una pérdida del poder adquisitivo de
los
cubanos
Ésa es una falsa premisa. En una
transición a la democracia y a la economía de mercado,
lo que no va a faltar en Cuba es una impresionante
fuente de capitales y ayudas. Estados Unidos como
gobierno, y, en general, el mundo empresarial privado de
todas partes
-España
principalmente-,
se volcarán sobre la Isla para contribuir de manera
enérgica a su desarrollo. El problema más peliagudo que
confrontarán los cubanos no es económico, sino político.
Hay que crear las instituciones adecuadas y fomentar un
clima social de paz, tranquilidad y seguridad jurídica
en
el que sea sensato invertir. Hay que normalizar el
país rápidamente.
Pero Estados Unidos está atado
por la Ley Helms-Burton y no podrá ayudar masivamente a
Cuba hasta después de efectuados los cambios
Ésa es una equivocada lectura de la
ley. La ley es muy flexible y el presidente tiene la
autoridad para poner el acento o para dejar sin efecto
aquellas partes de la legislación que estime conveniente
con el objeto de estimular los cambios. Para esos fines,
seguramente contará con
un fuerte apoyo bipartidista.
Los dos senadores y los cuatro congresistas federales cubanoamericanos
-factores
que la Casa Blanca (quienquiera que la ocupe) siempre
tomará
en cuenta en sus decisiones-
son políticos flexibles y hábiles, acostumbrados a las
negociaciones entre adversarios, que jamás se
convertirán en un obstáculo para la transición en la
Isla,
si eso es lo que manifiestamente desean los
cubanos. Por el contrario: desde los planes de
ayuda a
la democracia en Cuba proclamados por el presidente Clinton, hasta la más detallada “hoja de ruta” formulada
durante la administración de George W. Bush, nunca un
problema de
la política exterior de Estados Unidos ha
contado con tanta cuidadosa previsión y sentido de la
responsabilidad, como sucede con el caso cubano.
¿Qué derecho tiene Wahington a
intervenir en los asuntos cubanos?
De nuevo: Cuba, el país que
paladinamente ha proclamado su derecho a ejercer el
“internacionalismo revolucionario”, no puede negarles a
las demás naciones el que tienen a practicar el
“internacionalismo democrático”, especialmente porque en
este caso no se trata de intervenir militarmente, ni de
medidas agresivas contrarias al derecho internacional,
sino de ayudar a los demócratas de la oposición con
apoyos tan modestos como darles material de lectura o
acceso a Internet, gestos de solidaridad, por cierto,
que también muestran otros responsables países de la
Unión Europea. Pero hay algo aún más importante: el
gobierno cubano ha sido el principal causante de este
intervencionismo norteamericano al generar las
condiciones para que un veinte por ciento de la sociedad
cubana hoy viva en Estados Unidos. Tras provocar
episodios como Camarioca (1965), Mariel (1980) o el
balserazo de 1994, y tras dedicar grandes esfuerzos
subversivos a afectar los intereses y la vida
norteamericanos en todo el planeta
-
sin
olvidar las confiscaciones de los años sesenta, las
mayores que ha sufrido la sociedad norteamericana en
toda su historia-,
el gobierno cubano ha estado retando a Washington y
convocándolo a un inevitable e irresponsable
enfrentamiento. ¿Cómo puede nadie extrañarse
de que
Estados Unidos responda a esas muestras de hostilidad?
La posición de víctima
que asume el gobierno cubano tal
vez sirva como un ejercicio demagógico para la galería,
pero no resiste el más mínimo análisis.
Hay quienes opinan que el país
también vive una aguda crisis moral de muy difícil
solución, aun cuando se cuente con la ayuda masiva de
Estados Unidos
No lo creo. La conducta (una de las
pocas cosas en las que Marx acertó) es un modo racional
de adaptación a la situación en que se vive. Los cubanos
mienten porque decir la verdad conduce a la cárcel. Los
cubanos fingen porque la franqueza es el comienzo de un
calvario en una sociedad totalitaria que ha construido
un discurso único, dogmático e inflexible. Las cubanas
se prostituyen porque el sistema les niega otras
posibilidades mejores de superación. Los cubanos roban
porque no pueden ganarse la vida decentemente con su
trabajo. A ninguna persona normal
-exceptuados
los psicópatas-
le gusta mentir, fingir, prostituirse o robar. En Cuba
no han desparecido las normas morales: lo que ha
sucedido es que las han hecho casi imposibles de cumplir.
Tan pronto comience a cambiar el clima social y
económico del país la sociedad modificará su conducta
paulatinamente. Este fenómeno de readaptación voluntaria
a las reglas éticas convencionales está ocurriendo en
los países que abandonaron el comunismo en Europa, algo
parecido a lo ocurrido cuando cicatrizaron las heridas
de la Segunda Guerra mundial.
Pero si cambia el sistema
económico los cubanos de la Isla estarían en desventaja
al
no tener capital ni experiencia
En desventaja están hoy, que ni
siquiera tienen esperanzas de mejorar sus condiciones de
vida mientras sufran la comprobada incompetencia de
semejante sistema. Además, cualquier gobierno sensato
que emerja de la transformación del país sin duda les
entregaría la propiedad real de las viviendas a
las familias que las habitan. Hoy es falso que las
familias sean los dueños de las viviendas. No las pueden
transmitir libremente. No las pueden vender ni hipotecar.
¡Ni siquiera las pueden arreglar! La mera propiedad real
de las viviendas convertiría a todas las familias
cubanas en poseedoras de un capital de cuarenta mil
dólares, si tomamos como cálculo el precio de la
vivienda promedio en América Latina.
Eso en cuanto a las viviendas, ¿pero
qué sucede con las empresas y los medios de producción?
Cualquier persona bien informada
sabe que la transformación de una anquilosada sociedad
comunista en una moderna sociedad de mercado pasa por el
traspaso de los activos en manos del Estado a los
individuos. En el Este de Europa se ha acumulado una
valiosa experiencia sobre cómo privatizar numerosas
empresas con los propios trabajadores. Las nuevas
empresas unas veces se han convertido en compañías
privadas en las que los trabajadores son accionistas
parciales o totales; en otras, se han constituido
verdaderas cooperativas voluntarias y libres preparadas
para competir en el mercado. En España, por cierto, una
de las empresas más exitosas es un conglomerado de
cooperativas (Mondragón) que es uno de los mayores
empleadores de la nación.
¿Y los inversionistas
extranjeros?
Hay que darles la bienvenida. Es
tonto rechazar al capital extranjero porque “juegan con
ventaja”. Esos son absurdos rencores sembrados por el
igualitarismo comunista. El capitalismo es un sistema
abierto de tanteo y error que se expande en la medida en
que las personas van descubriendo oportunidades nuevas y
aprendiendo de la experiencia. Sin estar muy conscientes
de ello, esto es lo que ocurría en la Cuba de los años
cuarenta y cincuenta, cuando la economía crecía a un
ritmo de tigre asiático (en torno al diez y doce por
ciento anual), duplicando el PIB cada seis años, lo que
no excluye que existieran problemas. La pobreza de la
economía centralizada y planificada deriva, entre otras
causas, de que esteriliza la imaginación y el impulso
creativo de los individuos. Los colectivistas dan por
sentado que ellos conocen toda la realidad económica y
pueden planear el desarrollo. Quienes creemos en el
mercado sabemos que no hay sustituto para la creatividad
individual porque cada persona tiene una particular
información, una idea y una intuición que le permiten
ver oportunidades y crear riquezas insospechadas.
Pero eso crea desigualdades
Así es. El mercado crea
desigualdades porque las personas son desiguales. Unas
son más inteligentes, laboriosas y tenaces que otras.
Pero esas desigualdades no se alivian prohibiendo las
actividades privadas para evitar que algunos descuellen,
sino propiciando la educación y la productividad para
construir clases medias dotadas de buena calidad de vida.
El Índice Gini que mide los niveles de desigualdad ha
precisado que los países capitalistas más desarrollados,
donde predomina la empresa privada, son los menos
desiguales: Suiza, Suecia, Dinamarca, Canadá, Estados
Unidos. Mientras tanto, los países intervencionistas y
populistas (Argentina, Uruguay, Brasil, por ejemplo),
pese al discurso populista, muestran peores desniveles
entre las personas que tienen y las que no tienen. Hace
años un reformista chino lo expresó en una frase
melancólica: “para evitar que un chino anduviera en
Rolls Royce condenamos a cientos de millones a
desplazarse en bicicleta”.
El gobierno dice que si el
capitalismo se introduce en Cuba a los cubanos les
espera un destino haitiano
En realidad, es con el colectivismo
autoritario con lo que Cuba se desliza hacia un destino
haitiano. Tras Honduras y Nicaragua, ya es el tercer
país más pobre de Hispanoamérica.
Antes de la revolución
era el tercer país más rico, tras Argentina y Uruguay.
Una Cuba libre en
el terreno político y económico muy
rápidamente daría un salto tremendo hacia la modernidad
y el progreso. Cuba tiene un capital humano
extraordinario
-cientos
de miles de graduados universitarios-
y lo que necesita es inversiones y libertad para
producir. Todos los países que
han realizado el
“milagro” del desarrollo sostenido lo han hecho en el
curso de una generación: España, Corea del Sur, Irlanda,
Chile. En Cuba debe suceder lo mismo.
¿No se convertirían los ancianos
y jubilados en personas excluidas de los beneficios
del
cambio
Por el contrario, la tercera edad
(y especialmente las mujeres de la tercera edad) son
quienes
más sufren la incompetencia del socialismo.
Cualquier gobierno que emprenda con seriedad la
transformación económica del país tiene que crear un
fondo especial de solidaridad para hacerle frente a la
quiebra actual del sistema de pensiones y
proporcionarles a los ancianos la ayuda necesaria para
cubrir sus necesidades básicas. Tampoco faltarán
recursos para esos fines.
Al margen de las
consideraciones humanitarias, nadie ignora que del
bienestar de los jubilados
en gran medida depende la
estabilidad social del país.
¿Cuáles son las posibilidades de
desarrollo con que cuenta Cuba?
Paradójicamente, en principio, las
que identificó el gobierno cubano cuando comenzó el
llamado “periodo especial”: turismo masivo, inversiones
extranjeras, biotecnología, azúcar y etanol, servicios
médicos, cibernética, transporte marítimo y aéreo y otra
docena de campos de acción. Pero para que estas
actividades dieran resultados no podían llevarse a cabo
en el ámbito oficial
y con el criterio paranoico y
sectario con que se desarrollaron. Tenían que
emprenderse en el campo privado, con los cubanos como
empresarios junto a los inversionistas extranjeros.
No
hay que olvidar que la clave del desarrollo en las
sociedades prósperas está en que los Estados edificados
por ellas se limitan a crear reglas abstractas que
permiten todo lo que no
está expresamente prohibido. La
miseria del socialismo dictatorial proviene de que
reglamenta todas las actividades y prohíbe y persigue
todo lo que no está reglamentado.
¿Cuándo pueden comenzar a
ocurrir los cambios?
No lo sabemos, pero mientras más rápido se inicien menos
va a sufrir la sociedad cubana.
Para Cuba, “ya es hora”.
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